A veces, una taza de café logra ser sumamente significativa para el desempeño y sentimientos que surgen a lo largo de una jornada de trabajo, dependiendo su consistencia, química, nivel de tostado, calidad... La cantidad (la carga maestra) también tiene mucho que ver, pues es la mera intensidad de todo lo antes mencionado. Bueno, el café me viene a la mente recordando una anécdota que recién me contó un amigo, la cual me pareció bien buena para compartirla con el inframundo. Ahora no revelaré la identidad del autor de esta hazaña... Todo comenzó:
Mañana soleada, húmeda, las calles lucen grises desde hace días y esta agradable iluminación provoca sentimientos en cada habitante consciente. Nuestro protagonista, pasó la noche anterior con el ojo pegado a la ventana, el otro un tanto cerrado, con la cabeza llena de preocupaciones. Hay un rumor corriendo desde hace un tiempo, algo sobre su pata de espuma... Uno bien sabe que ese tipo de chismes no le vienen bien a nadie, y mucho menos a alguien que, por necesidad, utiliza una pata de espuma para moverse. Observa el comportamiento de los colores, de los caminantes peludos y los pelones, todo lo observa y lo analiza, se mantiene perturbado.
Al rededor de cierta hora temprana, escuchó ruidos desde el otro lado de su puerta, en el pasillo de la entrada donde el botaba las colillas de sus zanahorias. Los ruidos aumentaban según pasaban los segundos y su ojo, pegado aún a la ventana, comenzaba a lagrimear algo azul brillante. Al cabo de un rato, habiendo manchado ya todo su pelaje, decidió ver que pasaba en el pasillo, humectó sus ojos, se movió hacia la puerta y la abrió.
Un escarabajo completamente tornasol estaba comiendo semillas de una bolsa.
-Buenos días, déjeme ofrecerle una de mis semillas a cambio de pasar un rato aquí.
-Bien, vale... Pero de qué buscas refugiarte? Afuera es de lo mas aburrido.
-Aah! Verá, me está buscando un frasco de cacahuates para obligarme a dejar de comer semillas, pero yo no puedo, así que me escondo. Mi nombre es Glubiglubi.
-Ya está, voy por mi café para acompañarte.
Se dirigió a la cocina arrastrando su pata de espuma y tarareando alguna cosa... Ya sabremos después que aconteció, ahora es hora de reír un rato...

No hay comentarios:
Publicar un comentario