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miércoles, 23 de noviembre de 2011

"Si procuras moldear un plátano, probablemente termine rompiéndose"

Tenemos acá a este compadre, un ratón manchado y dientudo, que se dedicaba con mucha paciencia a escribir cuentos para párvulos. Una tarde, sentado en su escritorio, observaba sus montones de hojas con detenimiento, pensando en esto y aquello. Se sentía nostálgico, algunas cosas no marchaban bien y eso perjudicaba su desempeño diario, ahora solo se sentaba a preguntarse mil y un sin-respuestas. La inspiración estaba helada y ausente... "Maldito invierno", decía de vez en cuando.
En un momento húmedo, comenzó a ver como algo se retorcía y provocaba que sus montones de hojas parecieran tener vida, algunos caían, otros se movían en círculos, entonces asombrado, saltó a su escritorio y limpió rápidamente sus gafas para ver a que se debía todo este espectáculo desastroso. Tomó su máquina de escribir y la lanzó hacia el montón de hojas que estaban en movimiento... Entonces escuchó un chillido espeluznante, tanto que salió corriendo de su estudio y encendió su pipa.
Horas después decidió regresar, había dado un paseo y se sentía despejado, tal vez algo podría escribir. Al entrar al estudio, recordó que su máquina estaba encima de alguna cosa terrorífica y sintió un escalofrío, su mirada se congeló en el vacío, tenía que hacer algo al respecto. Para su suerte, el bastón del abuelo seguía junto a la entrada, así que lo tomó y volteó a ver la máquina (!!!) la cual estaba cubierta con colores, pero perfectamente limpia y ya nada había bajo ella. El miedo de que algo espantoso se encontrara en el mismo cuarto que el, comenzaba a cubrirlo.
- Siempre me haces lo mismo, ratilla endemoniada. - Dijo una voz desde el baño... Nuestro amigo la reconoció de inmediato, era su amiga la lombriz de los colores.
Se sintió tan aliviado que se dejó caer en su silla y se puso a reír como un anciano, estaba listo
para escribir algo.
- Bip bip, bop bop - Su alarma para sacar a pasear a sus pulgones sonaba ya y era hora de moverse.

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