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domingo, 23 de enero de 2011

Por aquello de las crudas y sus hermanas.


"Cuando la trompuda te busca, te conecta... Asi es la vida como yo la conozco, seas lagarto o un simple cangrejo ermitaño, no te puedes escapar... Yo por eso, mejor no dejo de fumar opio", me solia decir la nalga izquierda de la serpentina Aspirinia, la cual siempre estaba fumando, soltando bocanadas de humo mas grandes que la mismisima via lactea.
Cuando nos conocimos, desde el principio, nos caimos gordos, Aspirinia no tenia muy en claro como se manejaba una relacion amistosa y nos llevaba a pelear sin parar todos los dias, aunque esto nos mantenia aun mas unidos.
Viviamos juntos, comiamos juntos y despedazabamos a todas las señoras que siempre iban a chismear con nosotros, juntos... Ellas no nos gustaban, siempre olian a jabon viejito y usaban almohadas para sentarse en nuestras manos de trol (nuestras sillas), siempre con cara de desprecio y algo de asco... Pero ahi querian estar, apostando hasta morir despedazadas.
A lo que yo iba con todo esto es que... Me trague a Aspirinia una mañana con jaqueca.

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