
Cuando desperte, ahi estaba tu papa salada con un tanto de culpa, como de mostaza,
pesando cada trozo de popó lleno de esperanza y en la cara, una gran sonrisa enfermiza.
A ratos tomando agua con ajo para desatorar el gargajo y, entre los ojos, un puñado de pelachos despeinado por cachos, como una gran uniceja.
Volviendo a la papa salada, hoy me da la pálida debido a ella.
Tu boca me gusta y me disgusta porque me acelera y cambio de temperatura... Anda y besa a esa papa, que ya muy fria está y asi no puede verse guapa.
Gritando al ritmo de tu cadera, repitiendo por toda la eternidad la misma puta cancion.
Escúchate, perra! Saca esa papa ya de ahí, pues esta noche me la ceno, aunque no sea mia, le pongo limon y semillas para que me de cosquillas.
Acá la cosa esta en hablar con el responsable de todo este embrollo, saquen la sopa, antes de
que logre embutir esta pinche papa en mis fauces.

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